Hermanos de la Salle y el Observatorio Astronómico / Sala 2
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Es una muestra de la colección de pájaros recolectados... Sala / 2
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Los bosques andinos de Antioquia son majestuosos y diversos en sus verdes y múltiples ecosistemas, entre ellos, maravillosos Páramos y los bosques de niebla. De estos reservorios de biodiversidad en el departamento, se han reportado alrededor de 25.000 especies de organismos clasificados en 8.300 especies de árboles, 1.500 especies de aves, 1.200 especies de insectos, 450 especies de reptiles y anfibios, 260 especies de peces, y 200 especies de mamíferos. Cifras que convierten el territorio en “megadiverso”; sin embargo, a pesar de la riqueza de sus ecosistemas, ésta no es ajena a las presiones directas que el hombre causa al suelo como la degradación, la depredación y la explotación, factores que en última instancia impactan de manera adversa a las comunidades que han coexistido históricamente en estos lugares.
En Antioquia, desde tiempos ancestrales, sus pobladores han cultivado maíz, legumbres de frijol y arveja; tubérculos de yuca, papa y arracacha. La provincia se proveía así misma con sal de salinas y toda esta producción interna suplía algunas otras regiones dedicadas a la minería. La cultura depredadora en los bosques de Antioquia, es el resultado de una sociedad que relaciona la ganadería con el desarrollo, en un departamento en el cual no se ha dado un manejo forestal a sus bosques. Así, la tala rasa para la transformación de los bosques a pastos para expandir la frontera agrícola, la implementación de cultivos ilícitos y la explotación minera, son los principales motores de la deforestación. En la actualidad los bosques andinos del departamento se han reducido en un 70% y, de acuerdo a los resultados de diferentes estudios científicos, el 30% desaparecerá en menos de 40 años si continuamos devastando el suelo y los árboles al ritmo que hoy lo hacemos. Sin duda alguna es crítico el momento en el que nos encontramos; sin embargo, muchos lo ignoramos.
“Bosques de Antioquia: riqueza y vida en cuenta regresiva”, es una exposición que pretende contar al público el estado en el que se encuentra este macro-ecosistema haciendo un llamado de atención a la necesidad imperante de valorarlo y protegerlo porque de él depende nuestro sustento, como lo será para las generaciones futuras.
“Allí, al oriente de Medellín, en las laderas del imponente cerro del Pan de Azúcar, se ve brillar la cúpula del Observatorio Astronómico del Colegio de San José. El Hermano Daniel fue su impulsor y fundador. Brillante expositor de la astronomía o formación del universo, acogió la teoría de otro religioso, el abate Moreaux. Observar una nebulosa a través de un telescopio, era para el Hermano Daniel lo más fascinante; era resumir en una mirada, millones de años de la formación de la tierra.
Testigos de aquellas visiones del universo, en este observatorio, fueron los alumnos de los Hermanos y los antioqueños aficionados a la astronomía.
En noches estrelladas muchos jóvenes contemplaron los anillos de Saturno, las lunas de júpiter, también captaron el intempestivo Kohoutek y al tan esperado Halley […].”
La exposición “Colores que pintan el paisaje” es una muestra de la colección de pájaros recolectados por el Hermano Marco Antonio Serna y sus compañeros de salidas de campo entre los años 1966 y 1991. De estos recorridos el Museo de Ciencias Naturales de La Salle alberga un registro de 869 ejemplares que representan 26 órdenes, 81 familias, 435 géneros, y 640 especies. De esta avifauna, 429 especímenes proceden del departamento de Antioquia, de territorios del postconflicto; los cuales representan desde una mirada taxonómica 15 órdenes, 40 familias, 170 géneros, y 209 especies. A su vez, la exposición resalta la labor del biólogo, en relación a la Fundación de la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO) y la Sociedad Colombiana de Ornitología (SCO), de las cuales fue miembro fundador, y desde donde fomentó el cuidado y conservación de las aves.
Desde el perfeccionamiento del bombillo en 1879 (Freeberg, 2013) y con el advenimiento del fluido eléctrico, el hombre se acostumbró a iluminar todo a su alrededor; sin embargo no siempre se implementa de manera adecuada, ya que el haz de luz, en la mayoría de los casos, se dirige de forma incorrecta. Se gastan enormes cantidades de dinero en sistemas de alumbrado ineficientes y como consecuencia se está perdiendo un derecho de la humanidad: los cielos oscuros.
El problema de la desaparición de los cielos oscuros y sus efectos colaterales, recibe el nombre de contaminación lumínica (CL), la que podemos definir como exceso luminoso producido por el alumbrado público, las señales de neón y las luces de las residencias, que provocan un medio ambiente afectado por la disminución del nivel de oscuridad en las noches.
Para comprender y proponer un ejercicio de reflexión sobre el problema de la contaminación lumínica en la actualidad, es necesario conocer algunos aspectos relacionados a la luz, desde la física, hasta su efecto en el entorno, los cuales son discutidos en esta exposición “el Cielo no es naranja, el anhelo por la oscuridad”.
Posibilitar el aprendizaje profesional en el campo de las artes visuales, haciendo énfasis en la diversidad cultural y las ciencias sociales, es la misión de la Facultad de Artes y Humanidades del ITM, apuntando a la formación de ciudadanos y artistas integrales que aporten a la trasformación y bienestar social de nuestra vida en comunidad, a través de la investigación, la creación y el desarrollo de propuestas innovadoras, en el marco de una relación de respeto por la diversidad y la diferencia.
Es así, como las Muestras de Trabajos de Grado de los estudiantes del programa de Artes Visuales son pieza fundamental de la enseñanza y el quehacer artístico, ya que se ha convertido en un espacio que posibilita a la comunidad académica y el público en general poder apreciar, debatir y valorar los diferentes procesos de formación; los cuales se evidencian en los resultados materializados en propuestas practicas e investigativas, vistas a través de dispositivos museográficos, video instalación, instalación, fotografía y pintura; que componen elementos aprovechables en diferentes entornos culturales y diversos campos del arte, desarrollados en el marco de sus prácticas profesionales y búsquedas personales.
No podemos dar marcha atrás al tiempo; no podemos volver a la condición primigenia de nuestra especie. Mucho menos, es posible volver a nuestra animalidad. Indudablemente nunca volveremos al estado originario de la vida natural. Sin embargo, podemos negarnos al derrotero que paulatinamente nos hemos fijado; nuestra relación con la naturaleza no debe estar afincada en el daño ecosistémico. Los Paraísos Perdidos de Colombia, hoy son una imagen que nos expone ante un teatro dantesco; una escena de nostalgia y anhelo por un mundo natural en equilibrio.
Hoy más que nunca -anunciada la cercana crisis- lanzamos nuestra mirada sobre ese futuro indeseable que nos espera. En nuestras manos -atravesadas por nuestra consciencia- descansa la responsabilidad de darle un viraje a esa historia; es en la frontera de nuestra racionalidad donde cabe preguntarse sobre lo que hemos hecho. Es allí en ese último paraje donde continuamente evaluamos el valor de nuestras acciones; elevemos la mirada, cambiemos el gesto, para procurarnos un mundo mucho mejor.
“A veces los cielos se abren y caen piedras que parecen sangre y fuego que golpean la Tierra.” Plinio el viejo (Historia Natural, s. I d.C.).
Existe una relación simbiótica entre los eventos que ocurren en nuestro planeta y aquellos que ocurren en el espacio. La Tierra, es un cuerpo celeste que se ve afectado constantemente por lo que ocurre afuera de su atmosfera, recibiendo cientos de toneladas de material particulado que se formó en los inicios del sistema solar; tal material se mezcla con las rocas que forman la corteza terrestre, y en su camino a la Tierra, este material deja en ocasiones rastros luminosos que invaden nuestros sentidos y nos ofrecen un espectáculo único.
Entre el Cielo y la Tierra fue una exposición que invitaba a reflexionar sobre la danza perpetua en la que la Tierra y el espacio son protagonistas.
Las expediciones, paseos y excursiones de los Hermanos Lasallistas, son autobiografías documentadas a través de publicaciones como libros y artículos. Otras fuentes como cartas, diarios, material gráfico y de campo que dejaron, son testimonio de su práctica investigativa.
Hoy representamos una historia de tres naturalistas dedicados al conocimiento de la fauna y flora local, a través de imágenes que recrean diferentes escenarios de acción de los Hermanos Lasallistas como colectores de biodiversidad.
Todo tipo de conocimiento, independientemente de su contexto cultural o de la manera como decide abordar el mundo, representa el deseo innato de los seres humanos de ordenar su universo de acuerdo a unos parámetros o principios simbólicos que les permitan hacerlo más comprensible y más cercano a sus vidas. En otras palabras, el pensamiento humano posee como principio instaurar un orden dentro de un universo caótico (Levi-Strauss, 1984), a partir de la observación, la clasificación y descripción de los elementos que componen el entorno. Es a la luz de esto que ningún pensamiento puede proclamar su superioridad por encima de otro (tal como lo ha hecho la ciencia occidental con otras maneras de conocer), ya que todas son diferentes formas de responder a las cuestiones fundamentales de la existencia.
El legado científico de los Hermanos de La Salle , se halla en nuestro territorio. A diferencia de otros ejercicios como la Expedición Botánica, la expedición de Alexander von Humboldt o la de Aime Bonpland -experiencias colonizadoras- este se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de La Salle en Medellín y en el Museo de La Salle en Bogotá; el cual nos sirve como diapasón que hace sonar el pasado y posibilita aproximarnos al pretérito biológico de nuestro territorio y a la práctica científica de estos religiosos a partir del trabajo realizado por ellos en el departamento de Antioquia. Este Patrimonio Natural es documento de esos seres vivos sin voz.
Los Hermanos de la Salle conocidos como “los naturalistas” , en su ejercicio científico, acudieron a varias técnicas para el estudio de la naturaleza como la elaboración de diarios de campo, la fotografía, el dibujo, la caza y la taxidermia; con el objetivo de conservar los especímenes colectados en sus excursiones para efectos de estudios científicos, didácticos y para incrementar y clasificar las colecciones del Museo.