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El cielo no es naranja

El anhelo por la oscuridad / Sala 1

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Un acercamiento a la Astronomía

Hermanos de la Salle y el Observatorio Astronómico / Sala 2

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Sala del agua


Sala 3


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Bosques de Antioquia

Riqueza y vida en cuenta regresiva / Sala 4

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El cielo no es naranja


Desde el perfeccionamiento del bombillo en 1879 (Freeberg, 2013) y con el advenimiento del fluido eléctrico, el hombre se acostumbró a iluminar todo a su alrededor; sin embargo no siempre se implementa de manera adecuada, ya que el haz de luz, en la mayoría de los casos, se dirige de forma incorrecta. Se gastan enormes cantidades de dinero en sistemas de alumbrado ineficientes y como consecuencia se está perdiendo un derecho de la humanidad: los cielos oscuros.

El problema de la desaparición de los cielos oscuros y sus efectos colaterales, recibe el nombre de contaminación lumínica (CL), la que podemos definir como exceso luminoso producido por el alumbrado público, las señales de neón y las luces de las residencias, que provocan un medio ambiente afectado por la disminución del nivel de oscuridad en las noches.

Para comprender y proponer un ejercicio de reflexión sobre el problema de la contaminación lumínica en la actualidad, es necesario conocer algunos aspectos relacionados a la luz, desde la física, hasta su efecto en el entorno, los cuales son discutidos en esta exposición “el Cielo no es naranja, el anhelo por la oscuridad”.


Un acercamiento a la Astronomía


“Allí, al oriente de Medellín, en las laderas del imponente cerro del Pan de Azúcar, se ve brillar la cúpula del Observatorio Astronómico del Colegio de San José. El Hermano Daniel fue su impulsor y fundador. Brillante expositor de la astronomía o formación del universo, acogió la teoría de otro religioso, el abate Moreaux. Observar una nebulosa a través de un telescopio, era para el Hermano Daniel lo más fascinante; era resumir en una mirada, millones de años de la formación de la tierra.

Testigos de aquellas visiones del universo, en este observatorio, fueron los alumnos de los Hermanos y los antioqueños aficionados a la astronomía.

En noches estrelladas muchos jóvenes contemplaron los anillos de Saturno, las lunas de júpiter, también captaron el intempestivo Kohoutek y al tan esperado Halley […].”


Sala del agua


Todo tipo de conocimiento, independientemente de su contexto cultural o de la manera como decide abordar el mundo, representa el deseo innato de los seres humanos de ordenar su universo de acuerdo a unos parámetros o principios simbólicos que les permitan hacerlo más comprensible y más cercano a sus vidas. En otras palabras, el pensamiento humano posee como principio instaurar un orden dentro de un universo caótico (Levi-Strauss, 1984), a partir de la observación, la clasificación y descripción de los elementos que componen el entorno. Es a la luz de esto que ningún pensamiento puede proclamar su superioridad por encima de otro (tal como lo ha hecho la ciencia occidental con otras maneras de conocer), ya que todas son diferentes formas de responder a las cuestiones fundamentales de la existencia.


Bosques de Antioquia


Los bosques andinos de Antioquia son majestuosos y diversos en sus verdes y múltiples ecosistemas, entre ellos, maravillosos Páramos y los bosques de niebla. De estos reservorios de biodiversidad en el departamento, se han reportado alrededor de 25.000 especies de organismos clasificados en 8.300 especies de árboles, 1.500 especies de aves, 1.200 especies de insectos, 450 especies de reptiles y anfibios, 260 especies de peces, y 200 especies de mamíferos. Cifras que convierten el territorio en “megadiverso”; sin embargo, a pesar de la riqueza de sus ecosistemas, ésta no es ajena a las presiones directas que el hombre causa al suelo como la degradación, la depredación y la explotación, factores que en última instancia impactan de manera adversa a las comunidades que han coexistido históricamente en estos lugares.

En Antioquia, desde tiempos ancestrales, sus pobladores han cultivado maíz, legumbres de frijol y arveja; tubérculos de yuca, papa y arracacha. La provincia se proveía así misma con sal de salinas y toda esta producción interna suplía algunas otras regiones dedicadas a la minería. La cultura depredadora en los bosques de Antioquia, es el resultado de una sociedad que relaciona la ganadería con el desarrollo, en un departamento en el cual no se ha dado un manejo forestal a sus bosques. Así, la tala rasa para la transformación de los bosques a pastos para expandir la frontera agrícola, la implementación de cultivos ilícitos y la explotación minera, son los principales motores de la deforestación. En la actualidad los bosques andinos del departamento se han reducido en un 70% y, de acuerdo a los resultados de diferentes estudios científicos, el 30% desaparecerá en menos de 40 años si continuamos devastando el suelo y los árboles al ritmo que hoy lo hacemos. Sin duda alguna es crítico el momento en el que nos encontramos; sin embargo, muchos lo ignoramos.

“Bosques de Antioquia: riqueza y vida en cuenta regresiva”, es una exposición que pretende contar al público el estado en el que se encuentra este macro-ecosistema haciendo un llamado de atención a la necesidad imperante de valorarlo y protegerlo porque de él depende nuestro sustento, como lo será para las generaciones futuras.